Un exótico viaje en busca de los vinos más desconocidos de España

Un bonito artículo de Víctor de la Serna en el que repasa la geografía del vino en España, con pinceladas que denotan un conocimiento profundo de la evolución del vino en nuestro país.

Se cita la singularidad de nuestro viñedo, que iniciamos hace 40 años en una zona que no era tradicionalmente vitícola.

Nos ha gustado especialmente su nota de «los sitios hasta hace poco inimaginables o ignorados donde en España se hacen ahora grandes vinos» en la que nos vemos reflejados por de de «inimaginables», ya que nos encajamos en esa categoría de Bodega y Viñedos que no encajaba en ningún estándar o estereotipo del sector. Ahora, tras años de tildarnos de extravagantes, caprichosos e incluso locos y con un amplio reconocimiento internacional Pago Calzadilla y sus vinos reciben los elogios que se han ganado duran te años de duro trabajo.

Es por esto que nos sentimos orgullosos cada vez que alguien reconoce el fruto de nuestra tierra y nuestro esfuerzo, y más aún cuando el elogio viene de alguien con un amor por el vino, gracias Víctor

Artículo impreso en El Mundo el 15/05/2019

Os dejamos la captura de la edición en papel para aquellos que compartís nuestro gusto por el valor de lo impreso.

Texto completo del artículo de Víctor de la Serna:

Un exótico viaje en busca de los vinos más desconocidos de España

Miren ustedes: en estos trances electorales no estamos para muchos trotes, así que vaya aquí una idea para hacer gastronomadismo del bueno sin necesidad de avión o de automóvil. En este caso, el único vehículo necesario es una copa. Bueno, o una botella, ya en plan espléndido. Destino: los sitios hasta hace poco inimaginables o ignorados donde en España se hacen ahora grandes vinos, y algunas castas de uvas de las que nadie tenía conocimiento hasta que unos arrojados descubridores las encontraron y las vinificaron.

El viaje del vino español, hasta hace poco, era cortito y previsible. Un poco olvidados los gloriosos vinos tradicionales de Andalucía, hundidos por las políticas de masificación -precios tirados, calidad a la baja-, lo que los españoles en busca de calidad bebían cabía entre el Ebro y el Duero: Rioja, Ribera y quizá un verdejito de Rueda (donde, de Riscal a Martinsancho, de Belondrade a Montepedroso, hay grandes blancos, pero la mayoría del resto es de tipo industrial, vinos de supermercado).

Pero lo que les proponemos esta semana es bastante más exótico.

Para empezar, lo que algunos estudiábamos de jóvenes: «En todas las comunidades autónomas se produce vino, salvo en Asturias y Cantabria». Pues no era cierto, aunque la producción era confidencial. Y ahora salen algunos magníficos de Cangas del Narcea y del valle de Liébana. En el Occidente de Asturias, a partir de castas autóctonas y otras de remoto origen portugués y francés, hacen excelentes vinos VidAsChacón BueltaDominio del Urogallo y Vinos Cangas. Y en la Liébana, de sus viejas y minúsculas viñas de mencía, salen los vinos de Picos de Cabariezo y Cobero.

Del inmenso viñedo de Castilla y León van destacando comarcas hasta hace poco ignotas. De la ribera del Arlanza, escondida entre Rioja y Ribera, tanto Olivier Rivière como Sabiñares y Viñas hacen blancos y tintos extraordinarios (y caros) a partir de viejas cepas. El valle del Jamuz, al sur de León, ya no es sólo famoso por los legendarios chuletones de El Capricho en Jiménez de Jamuz, sino por los nuevos vinos de castas clásicas en la zona (mencía, prieto picudo, alicante bouschet) que elabora una bodega nueva, Fuentes del Silencio. Y en la Sierra de Francia, rebautizada Sierra de Salamanca para que los extranjeros no se hagan líos, los jóvenes y entusiastas viticultores de Mandrágora Vinos elevan a la categoría de arte los tintos de la casta hispano-portuguesa rufete.

En Aragón, junto a las cuatro denominaciones de origen conocidas desde siempre, va despuntando una comarca meridional, Valdejalón, donde una pequeña bodega, Frontonio, cuenta con uno de nuestros talentosos masters of wine, el joven Fernando Mora, y sus vinos (de garnacha y de garnacha blanca, las uvas clásicas de allí) son frescos, francos y muy bebibles.

En la mitad sur de España, dominada por los océanos de vino barato a granel que salen de sus inmensas cooperativas, algunas propiedades vitícolas aisladas, a veces en medio de ninguna parte, están haciendo vinos brillantes. Así, vayan a la Alcarria conquense, a Huete, donde a cerca de 1.000 metros de altitud está Calzadilla, con los finos vinos de la familia Uribes. Y en los Montes de Toledo, las viejas garnachas de Cerro del Águila y los modernos viogniers y cabernets de Vallegarcía, la finca serrana de Alfonso Cortina.

Un poco más al oeste, en Alange (Badajoz), la famosa familia cordobesa Alvear ha sabido levantar la vista desde su finca de Palacio Quemado hasta el vecino Portugal para, en vez de hacer pesados tempranillos y merlots como sus vecinos, ponerse a cultivar trincadeira y touriga nacional, mucho mejor adaptadas al terruño, y hacer con ellas vinos tan buenos como los más excelsos del Alentejo.

¿Vinos tintos… de Jerez? Bueno, sin denominación de origen, pero ya surgen de aquel terruño varios excelentes, sobre todo de la uva tintilla (nombre local del graciano): Forlong, Luis Pérez

Y luego están los archipiélagos, con su muy antigua tradición vitícola. Sí, los vinos de Mallorca, de Tenerife y de Lanzarote han alcanzado una buena fama en la península desde hace tiempo, pero ¿qué nos dicen de La Palma y de Menorca? Pues que también la merecen.

En la pequeña isla canaria, los vinos dulces de malvasía aromática de LlanovidLlanos Negros y Victoria Torres (heredera de la labor de su padre en la Bodega Juan Matías Torres) son sensacionales, y los secos de negramoll o listán no les andan muy a la zaga.

En Menorca, con castas mucho más foráneas (merlot, syrah, viognier, chardonnay) pero con muy buen estilo, Torralbenc está colocando la isla en el mapa.

Y terminemos con esas uvas de nombres desconocidos hasta ayer por la mañana, pero que algunos viticultores han descubierto, recuperado y relanzado. Así, el francés Gregory Pérez, cuyos vinos de mencía en Mengoba (Bierzo) son muy prestigiosos, está elaborando -sin reconocimiento del Consejo Regulador- tintos muy frescos con estaladiña.

Pero la medalla en la recuperación de lo raro quizá pertenezca a Pilar Esteve y sus compañeros de Fil.loxera & Cía en el sur de Valencia, que también optan al campeonato de las marcas más extrañas: vean dos de sus -excelentes- tintos, Sentada sobre la Bestia Azul, que se hace con la uva arco, y La Mujer Caballo Verde, con ullet de perdiu. No nos pregunten más, que de esas uvas nada sabíamos: prueben los vinos, y les convencerán.

Enlace al artículo original en El Mundo: https://www.elmundo.es/papel/gastro/2019/05/09/5cd1b832fdddff24918b491d.html